3.09.2009

LA IZQUIERDA ANTE LA CRISIS

Juan Torres · Catedrático de Economía Aplicada en la Universidad de Sevilla.

La crisis actual es de una gravedad inusual por su magnitud, extensión y por los problemas que plantea. Afecta realmente a la línea de flotación del capitalismo.

Al menos obliga a poner sobre la mesa asuntos que precisan un replanteamiento profundo. Los más importantes son probablemente los siguientes:

a) Libertad de movimiento de capital. Un principio impuesto, sin fundamento científico, que provoca un desorden general, principalmente al servicio de las operaciones especulativas, letales para la economía productiva, e incluso para el equilibrio financiero.

b) Funcionamiento “desregulado” de los mercados financieros (permitir todo a los especuladores), que lejos de reducir riesgos, su presunto objetivo, ha resultado ser principal fuente de riesgos.

c) Fracaso histórico de los bancos centrales independientes, que no solo no han sabido prever ni resolver la crisis, sino que han sido sus concausantes.

d) Desnaturalización de la actividad bancaria, que suministra fondos a los mercados especulativos, en lugar de financiar la actividad productiva.

e) Irremediable recurso al Estado cuando se producen desequilibrios.

f) Enorme coste de los privilegios de los poderosos en paraísos fiscales, secreto bancario, opacidad en las relaciones financieras, etc.
Para abordar estos asuntos es preciso modificar ideas y prácticas, al menos, en los siguientes aspectos:

Primero, en la actividad bancaria, garantizando que los recursos del ahorro privado o público se canalicen efectivamente hacia la actividad productiva.

Segundo, en la regulación financiera, imponiendo control y disciplina, estableciendo desincentivos a la especulación, restringiendo la libre circulación o prohibiendo productos financieros "de casino", entre otras medidas.

Tercero, mediante el control democrático de los movimientos de capital, los bancos centrales y el gobierno de la política monetaria, como toda política económica.

Finalmente, estableciendo un nuevo orden monetario internacional, que evite los problemas del dólar, como moneda de referencia, sin un respaldo auténtico y en un proceso descontrolado de creación de dinero.

Puesto que lo que ha fallado afecta a mecanismos esenciales del capitalismo (no puede vivir, por ejemplo, sin financiación y los sistemas bancarios de medio mundo se encuentran en quiebra), los propios gestores van a tener que ponerle freno. Incluso con reformas propias de la agenda de los movimientos alternativos. De ahí que Obama llevara en su programa eliminar los paraísos fiscales o Sarkozy hable de refundar el capitalismo.

Pero el asunto fundamental es que solo las reformas financieras no son suficientes (si son capaces de poner firmes a especuladores y auténticos criminales de las finanzas). Se necesita además eliminar la financiarización, que debilita el sector real de la economía, e incrementa la explotación del trabajo, lo que se traduce en desigualdad creciente, disminución de salarios reales y gasto público insuficiente, con la consiguiente caída de la demanda y la rentabilidad de la economía real, lo cual lleva a los capitales al universo financiero.

El corolario es que, para hacer frente de verdad a la crisis, no bastan los cambios en el ámbito financiero (imprescindibles) sino que hay que revertir la pauta de la desigual distribución. La tarea de los gobiernos, si realmente pretenden combatir la crisis, es aumentar el gasto. Olvidando restricciones presupuestarias y temor al déficit impuestos por los poderosos, que solo buscan argumentos para no contribuir al desarrollo social.

Esto sí va a ser difícil que lo hagan con más bienestar, igualdad y justicia.

Por eso, el reto de la izquierda mundial, sería que la crisis no se cierre con otra vuelta de tuerca neoliberal, sino con un nuevo estado de cosas que revierta la pauta de distribución. No será fácil. Porque una parte de la izquierda está muda y otra silenciada. De modo que, en este maremagnum de confusión y temor, los ciudadanos solo encuentran alternativas en los movimientos alternativos. Los cuales no tienen suficiente presencia ni la mínima convergencia que les haría más fuertes.

Se necesita pues un gran esfuerzo para difundir explicaciones y alternativas. Sin ellas no dispondremos de las palancas de contrapoder que pueden impedir que las únicas respuestas sean las que convienen a los poderosos de siempre.


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